Convivir con el frío

Tengo que compartir una presentación de diapositivas en uno de los post para un trabajo del máster así que, con el fin de evitar que parezca una publicación forzada, he buscado una presentación sobre algo que pudiese inspirarme a escribir una pequeña historia y al final he encontrado esta que muestra varias fotografías sobre el frío aunque hermoso invierno.

[slideshare id=2720790&doc=wintertime-091215043221-phpapp02]

Recuerdo mirar por la ventana y ver el jardín cubierto de nieve, refugiándome en cada copo para alejarme de la discusión de mis padres. Solían discutir muy a menudo, pero aquella noche fue diferente. No es que mi padre hubiese olvidado sacar la basura o llevarme al dentista, ni tampoco es que mi madre hubiese tardado dos horas en arreglarse provocando que llegaran tarde a alguna cita; esto era más serio. Por lo que pude escuchar, mi padre había estado pasando más tiempo del adecuado con otra señora que no era mi madre, aunque la cuestión no era que pasase más tiempo con ella, sino lo que hacía en ese tiempo. Sí, al parecer se acostaban juntos, aunque yo tenía nueve años y en mi cabeza se concebía más como el simple acto de dormir, con abrazos y caricias. Puede que mis padres pensasen que yo sólo era una niña, que no sería consciente de sus gritos y sus reproches, parada junto a la ventana con la mirada perdida entre el blanco del paisaje, y por eso me dejaron escuchar y ser partícipe (aunque pasivamente) de ese teatro. Y digo teatro porque eso lo que realmente parecía era una mala interpretación, llena de engaños, buscando que resultara creíble para el espectador (o sea yo) cuando tuvieron que explicar lo que estaba pasando. Recuerdo entrar en la cocina al día siguiente y encontrarme a mi madre sonriendo, preparando café para mi padre. Sé que se besaron, el beso más triste que he visto nunca, y tras ese beso me dije a mí misma que nunca me permitiría ser así de infeliz.

Mientras todos estos recuerdos vienen a mi mente estoy esperando a que mi marido regrese a casa, sabiendo de sobra que no está tomándose algo con su amigo Pablo (quien ha subido una foto pasando el fin de semana en la sierra al Facebook). Y me río, porque mi marido ya ni se molesta en maquillarse antes de salir a escena, porque yo sigo siendo la espectadora pasiva que finge creerse la obra. Ardo por dentro, derritiendo la fría nieve, y saco fuerzas para acabar con tanto dolor, pero cuando él entra por la puerta corro a abrazarle, imaginándome a mi madre sintiendo miedo de dejarlo todo, de afrontar la vida sola. Me siento infelizmente cobarde, cada día.

Pobre niña de nueve años ¿qué pensaría si me viese ahora? 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>