Café para dormir

Volví a lavarme la cara mientras el café terminaba de hacerse, pero ni el chorro de agua fría ni el chirriar de la cafetera sirvieron para quitarme el sueño. Entre bostezo y bostezo tomaba un sorbo de café, evitando mirar por la venta, sabiendo que el sol de aquella mañana me pediría que no fuese al trabajo. Dejé la taza en el fregadero y cogí las llaves sin hacer mucho ruido para no despertar a mi mujer. Cerré la puerta y su golpe se sintió como otro en mi pecho, con la culpabilidad de no haberme despedido de ella.

De camino al trabajo no presencié nada inusual, el mismo trayecto, las mismas situaciones, la mismas personas… Bueno, no exactamente las mismas, pero sí las mismas acciones, las mismas miradas vacías, y el mismo sentimiento de no pertenecer a ese mundo.

taza-de-cafeYa en la oficina la cosa no mejoró. No había terminado de sentarme cuando mi jefe ya estaba pidiéndome unos informes. Hacía unos meses que me había ofrecido el puesto de responsable, que yo muy amablemente había rechazado, y lo que para mí supuso una liberación para él debió significar un insulto, pues desde entonces parecía querer hacer de mi vida un infierno. Entregué los malditos informes y paré para tomar otro café, esperando que me hiciera más efecto que el primero.

Mientras seleccionaba la cantidad de azúcar en la máquina Alicia entró en la sala y se ofreció a acompañarme sacándose un té. Durante el tiempo que estuvimos charlando la conversación se centró sobre todo en sus problemas con un tipo con el que había estado teniendo algo así como un lío. A la vez que escuchaba la historia no podía evitar pensar lo estúpido que era aquel hombre por tratar así a una chica tan fantástica y guapa como Alicia, e incluso no dudé en decírselo a ella, quien me agradeció el gesto con una sonrisa. De verdad disfrutaba esos pequeños momentos con ella que me hacían desconectar del aburrimiento y monotonía de mi trabajo, sin embargo, ese día había algo más rondando mi cabeza.

Quedaba un minuto para las 5 cuando empecé a recoger mis cosas con la intención de salir cuanto antes. Estaba a punto de marcharme cuando Alicia apareció para preguntarme si me quedaría a tomar algo con otros compañeros antes de irme a casa, y aunque su oferta sonó tentadora tuve que rechazarla. En el camino de vuelta pensé en mi mujer, en cómo me había marchado aquella mañana y en lo que iba a hacer cuando llegara a casa, empezando a sentirme un poco nervioso.

Al entrar en casa la encontré poniéndole la correa a nuestro perro. 

- Qué pronto vuelves hoy – me dijo sonriendo.
- Sí, he salido en cuanto he podido.
- No me he enterado cuando te has ido esta mañana. Ni un beso me has dado…

Fui directo hacia ella y la besé.

- Ya. Es que hoy era uno de esos días – le dije.
- ¿De qué días?
- De los que sé que si te beso no querré hacer nada más en todo el día, y eso significaría no ir a trabajar ni dejar que tú fueras.
- ¡Pero qué cuentista eres! No intentes manipularme para que te perdone.
- Si es la verdad, llevo todo el día pensado en eso. Hasta he sentido cierto nerviosismo de camino aquí, por saber cómo sería.
- Sabes perfectamente cómo son mis besos… – dijo intentando parecer algo enfadada, aunque sin mucho éxito.
- No me acostumbro a ellos, ni a ti, así que cada día son diferentes.

De nuevo sonrió y me besó.

- ¿Me acompañas a sacarlo?

Asentí.

Paseamos más de una hora mientras ella me contaba su día y yo le contaba (entre otras cosas) la historia de Alicia y aquel tipo, sin poder evitar sentirme triste al pensar que ella no fuese a tener lo que yo hacía tiempo había encontrado. La tristeza tardó poco en esfumarse y entre carcajada y carcajada volví a sentir que estaba en el sitio al que de verdad pertenecía.

Al igual que ocurre siempre que lo estás pasando bien enseguida llegó la hora de irse a dormir. Ya en la cama comencé mi habitual ritual de concienciación para otro día en el trabajo cuando mi mujer apareció con una taza de lo que imaginé sería café.

- Apuesto a que es café – le dije
- Sí… – me contestó con timidez
- Ese es mi motivo de hoy
- ¿Tu motivo?
- Sí. Cuando te conocí me pasé algunos meses intentado buscar alguna señal o motivo por el que no estar contigo, y después de un tiempo sin encontrar nada decidí buscar aquellas cosas por las que nunca me cansaré de ti.
- ¿Y tomar café es una de ellas?
- ¡Por supuesto! ¿Dónde sino voy a encontrar a otra chiflada que se tome una taza de café antes de dormir?
- No creo que sea una chiflada por tomarme un café justo antes de dormir…
- Sólo una chiflada adicta al café diría eso.

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