Un poquito de mí

Mirar al pasado es volver a vivir

Ha pasado ya más de un año desde que Dori (mi perra) muriese y siento que cada vez la tristeza que experimento al pensar en ella es mayor. Creo que nunca ha dejado de formar parte de mí y todo lo que aprendí con ella me acompañará siempre, ayudándome a construir mi yo futuro, hasta que muera.

Me hace gracia la frase “el pasado me persigue”. No sé si te has dado cuenta de que hay muy poco de verdad en esa afirmación. En realidad no es el pasado el que corre tras nosotros, sino que somos nosotros mismos los que no queremos soltarlo, quizá por miedo, quizá por costumbre, quizá porque si lo dejamos ir ya no seríamos la misma persona. El pasado es aquella cosita que, lejos de ser insignificante, ha hecho que tu presente sea exactamente así y que condicionará tus posibles futuros.

No sé si os ocurre lo mismo a vosotros, pero yo tengo una pequeña queja respecto a mi mente y es que no puedo controlar lo que almaceno y lo que no. Para mí es un problema grave porque además mi cabeza acostumbra a recordar mejor las cosas malas que las buenas. Es por eso que pensar en Dori para mí es motivo de tristeza, ya que por una extraña razón las imágenes más nítidas que tengo son de la noche que la perdí. Puedo ver el miedo en sus ojos, puedo sentir mis manos temblar con su cuerpo, pero tengo que esforzarme en recordarla jugando con otros perros, o corriendo hacia mí, o tumbada en su colchón al amanecer. Algunas veces dedico unos minutos a pensar en ella para asegurarme de que no olvidaré el calor que me proporcionaba su pelo al acariciarla en invierno, el sonido de sus bostezos o de su intento de ladrido mientras soñaba. Mirar al pasado es volver a vivir, volver a sentir, volver a sufrir, volver a reír… casi de la misma manera que ya lo hiciste.

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Adaptándome a Londres

Poco a poco me voy acostumbrando a la vida en Londres. Para hacer el camino habitual ya no tengo que mirar los carteles del metro, mi cabeza simplemente sabe hacia dónde tengo que ir. Los autobuses me resultan algo más complicados porque si te equivocas nunca sabes dónde acabarás o si sabrás volver (las paradas de un sentido y otro no siempre están en la misma calle), no son como el metro que traza una línea y si te eliges el sentido contrario siempre puedes cambiar de andén. Aún así poco a poco voy dejando atrás el miedo. Recuerdo lo asustada que estaba mi primer día de academia y ahora sonrío cada vez que entra un nuevo estudiante, casi puedo ver a mi yo de hace unas semanas en sus caras, además, ahora tengo la suficiente seguridad para pedir ayuda o preguntar cualquier cosa si lo necesito. Si quieres que te entiendan o si quieren entenderte, lo harán, y créeme, siempre habrá alguien que hable peor inglés que tú.

He estado buscando información y la mayoría de la gente coincide en que aprender inglés en una academia es una pérdida de dinero ya que por ese mismo precio puedes tomarte decenas de cervezas con tus amigos practicando el inglés (y es que os sorprendería lo horriblemente cara que es esta ciudad). A pesar de eso, yo me he apuntando (de momento) un mes a una academia para refrescar y aprender de forma correcta la gramática (el vocabulario si es algo que es más fácil aprender por tu cuenta o que adquieres hablando con otras personas), pero sobre todo para conocer gente. Lo bueno es que Londres está repleto de estudiantes extranjeros que buscan exactamente lo mismo que yo: aprender inglés y hacer planes; lo malo es que hay demasiados españoles y no quisiera caer en el error de juntarme con muchos de ellos porque el español ya lo tengo muy visto. He encontrado también información sobre libros de vocabulario y gramática con los que puedes aprender inglés por tu cuenta, o al menos para sacarte el First Certificate, así que voy a probarlo, aunque es necesario ponerse en serio y ser constante.

Espero no tardar mucho en encontrar trabajo. Aún no he empezado la búsqueda porque primero tengo que confeccionar mi curriculum, con el que por cierto tengo una pelea constante. Yo, como casi todo el mundo, hago uso continuo de Google para consultar casi cualquier cosa, así que lo hice también para orientarme acerca de qué debía incluir un CV en inglés, qué expresiones utilizar, etc., pero en cada página aparecen diferentes indicaciones, por lo que muy probablemente acabe cogiendo un poco de aquí y de allá y con el tiempo lo iré perfeccionando. De momento me haré uno para trabajos poco cualificados donde mi inglés no sea un inconveniente y otro orientando a Marketing puesto que necesito realizar unas prácticas externas en una empresa para superar el Master. De momento tengo esperanzas y ganas de probarme a mí misma, veremos si consigo lo que quiero y teniendo ingresos puedo mudarme a alguna habitación (ahora vivo en casa de mi tía) para sentirme más independiente.

Tengo muchísimas ganas de conocer a fondo esta ciudad, de disfrutar de cada posibilidad que ofrece.

Preocúpate de vivir, no de envejecer

Hoy he leído un artículo que me ha hecho reflexionar y plantearme algunas cosas. El artículo se llama Juventud perpetua y en él, resumiendo, se habla del futuro de los jóvenes en España, la falta de oportunidades, y lo tarde que es para algunos que ya han pasado los treinta y que ya empiezan a dejar de pertenecer al grupo de jóvenes del país, o dicho de otra forma, se les está pasando el arroz para hacer lo que querían hacer años atrás. A pesar de este breve resumen (un tanto subjetivo, ya que es lo que yo he interpretado) os animo a que lo leáis antes de conocer mi opinión al respecto.

Partiendo de que teniendo veintitrés años estoy lejos de saber cómo será mi vida cuando llegue a los treinta, quisiera decir que no considero que haya un límite de edad para cambiar de camino, para vivir una nueva aventura, para arriesgar. Sin embargo, leer este artículo me ha hecho despertar más si cabe de los sueños en los que suelo refugiarme, y darme cuenta de que tengo que empezar a moverme si quiero conseguir algo.

Soy consciente de que no todo el mundo tiene las mismas posibilidades, no tanto intelectuales sino económicas, porque considero que para emprender algo no necesitas ser un genio, o bueno sí, pero simplemente en aquello que vas a emprender. Una persona puede no comprender cómo funciona un circuito eléctrico, o memorizarse la tabla periódica de los elementos, pero si le dedica tiempo y esfuerzo a aquello que le gusta y se le da bien puede ser lo mejor en ello (quizá una persona que sea bueno sobre una tabla puede montar tu propia escuela de surf). Aunque lo que de verdad te posibilita o te impide avanzar muchas veces es el dinero. Yo estoy viviendo en Londres ahora porque tengo la suerte de tener a mi tía viviendo aquí; si hubiese tenido que pagarme un alojamiento y venirme sola soy la primera que admite que probablemente no habría sido capaz, o que previamente habría tenido que ahorrar bastante (con lo difícil que está eso en España). Aún así, nadie me asegura que esto esté sirviendo de algo, simplemente lo estoy intentando.

Con todo esto quiero animar a todas las personas, por debajo y por encima de los treinta años, a que hagan todo lo que puedan antes de rendirse y empezar a quejarse. En el último año (sobre todo) he sido consciente de lo bien que se me da quejarme y lo poco que hago por evitarlo. Todo lo que tengo en mi cabeza son excusas, barreras, y obstáculos que me pongo yo misma para justificarme, porque en el fondo lo que me da miedo es intentarlo y fracasar, o simplemente intentarlo, porque sé que es un duro camino. Sé que hay becas, cursos gratuitos, ayudas, asociaciones, etc. que podría solicitar en busca de una nueva oportunidad, y sin embargo, no lo hago.

Pero quiero cambiar eso, así que mi intención (qué digo intención, lo que voy a hacer) cuando acabe los exámenes que tengo en dos semanas, es buscar mi oportunidad aquí, en Londres. Porque si algo he aprendido es que la vida no se adapta a ti, eres tú quien se tiene que adaptar a ella, pero siempre de la mano de lo que te gusta, y si no puede ser en tu país tendrá que ser en otro.

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Sólo espero que poco a poco en España surjan nuevos emprendedores que den paso a una nueva filosofía de empresa y derribe la vieja visión empresarial.en España, señores, el problema es el orgullo y el poder, que cada día impide que los trabajadores puedan hablar, puedan expresarse, puedan aportar ideas que hagan crecer los negocios. Porque en España el trabajo es una cuestión de suerte y de enchufe, no de esfuerzo, dedicación, creatividad, pasión, habilidad, conocimiento…

Un rayito de sol entre las nubes

Es verdad que en los dos últimos meses casi he pasado el mismo tiempo en Londres que en Madrid, pero aún así no puedo evitar que me sigan doliendo las despedidas, o que sienta que parte de lo que soy, o parte de lo que fui se queda en cada vuelo.

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Entiéndeme, no soy una chica con un gran espíritu patriótico. Claro que me gusta el jamón, la siesta y el sol, sin embargo, no me siento ligada a un sitio en concreto. Y es que cuando digo que me duele irme de España no estoy hablando de dejar su cultura, estoy hablando de dejar allí mi familia, mis amigos, mi novio, mis calles, mi casa…en definitiva, mi zona de confort en la que estoy a gusto, como cuando te tumbas en el sofá o en la cama y te arropas hasta arriba, calentito, protegido.

Lo curioso es que a veces echo de menos las cosas que en España odiaba. Por ejemplo, en España yo era la chica educada y silenciosa que se sentaba en un rincón del tren y escuchaba música con sus cascos y a quien incordiaba el/la típico/a cani de barrio escuchando música a través de los altavoces del móvil; aquí yo soy la ruidosa, porque el metro de Londres es como un metro fantasma, nadie habla, nunca, bajo ninguna circunstancia, así que los primeros días yo iba tranquilamente con mi música y notaba que la gente me miraba, como si hiciera algo malo. Al final caí, llevaba la música al máximo volumen (como en España cuando intentaba evitar que el “chunda chunda” de aquel cani se introdujera en mi cerebro), un volumen excesivo para el continuo silencio de Londres. Cuánto echo de menos a los canis que me hacen sentir como en casa.

Creía que la ausencia de sol no iba a ser un problema, pero despertarse en un lugar extraño y que pase todo el día lloviendo no ayuda mucho a sonreír. Si tienes un mal día echas de menos todo, simplemente tomarte un café con alguien o salir a dar una vuelta por los lugares que conoces. Es graciosa la forma en la que funciona la mente, ya que sólo por el hecho de saber que estás lejos el significado de cualquier cosa se multiplica por mil (recibir un mensaje, una foto o un audio por Whatsapp, hacer una llamada, no poder tener un abrazo cuando lo necesitas…). Por suerte, suelo sacar unos minutitos al día para recordarme el porqué estoy aquí, lo que estoy haciendo o lo que voy a conseguir (o creo que voy a conseguir). Quien sabe si algún día sentiré nostalgia de esta ciudad que ahora resulta tan fría.